La muerte de Lucifer

Zavala se encontró nuevamente en la casa de Caín, estaba en el piso, el bebé que había sostenido hace solo unos segundos no estaba.
-Y el bebé?
-Te lo comiste
-Qué?
-Si te dio hambre y te lo comiste, ahora vive en ti ese demonio
-Bueno y ahora que hacemos?
-Yo me voy algún lugar hasta que se le pase a mi hermano esa locura de querer matarme.
-Pero y todo eso del loco que tiene la espada de Gabriel?
-Mientras no venga tras de mi, no es mi problema- terminó Caín mientras dejaba a Zavala solo en la inmensa casa vieja del centro de la ciudad.

Zavala recordó que la amiga de su maestro había mencionado que el ángel humano quería entrar al infierno así que por qué no avisarle a Satanás del problema probablemente podría hacer algo. Salió a la calle a buscar el único lugar en la tierra en que se pueden encontrar demonios tan fácilmente como en el infierno, una iglesia.

Entro en la primera que encontró y se sentó mirando directamente al sacerdote a los ojos y rezando tan quedo que apenas era un murmullo "Siervo de Satanás escúchame, siervo de Satanás voltea y veme." que repetía constantemente. La primera reacción del pastor fue voltear insistentemente hacia donde estaba sentado Zavala hasta que no pudo quitar sus ojos del él y finalmente grito

-Qué es lo que deseas?!!!
-Necesito hablar con Satanás- dijo Zavala casi en un grito que todos los presentes escucharon
-Bueno hermano pasa por acá

El presbítero lo hizo pasar por una puerta detras del atrio que lo llevó a un recito igual al que se encontraba pero con colores obscuros y todas las cruces estaban colocadas al reves.

-Habla
-Un humano ha escapado del cielo con la espada de Gabriel y quiere entrar al infierno

Los feligreces seguian en sus asientos sin entender por qué el culto se hab{ia dtendio justo a la mitad, todos se veían unos a otros buscando respuestas en las caras de sus vecinos, un sonido metálico llamó su atención hacia la parte posterior de la iglesia, un joven delgado caminaba por el pasillo viendo el luar con una sonrisa morbida, el sonido como de cadenas arrastrandose provenía de una espada que tenía sujeta al pantalón y tocaba el piso de marmol.

El sonido le heló la sangre a todos en el recinto, al adentrarse en el lugar la luz que pasaba por los vitrales llegaba hasta el ser al cuál se le veian alas negras rotas y meltrechas, seguia con pasos firmes cuando un oficial se puso justo en su camino para impedir su paso. Sus ojos se llenaron de sangre, estaban rojos como la lava y lanzó un gruñido que espantaría a todas las bestias de una selva negra.

El ángel siguió caminando sin importarle las amenazas y puso la espada justo en la cara del oficial y se detuvo.

-No destruyas nuestras casas aquí vivimos a gusto y tranquilos, nadie nos molesta

El ángel no haciendo caso al demonio atravesó la cara del oficial de la iglesia manchando su buen traje con su cerebro. Todos los feligreses se tranfiguraron a bestias y demonios con dientes, colmillos, ojos ensangretados y garras. Se avalnzarón al mismo tiempo contra el joven de la espada, este se defendió cortando brazos, piernas y otras extremidades, las cabezas rodaban manchando de sangre las hermosas bancas de roble y el pulido piso recibía tantas entrañas como era posible sacar de unos humanos religiosos. Luego que terminó que con todos siguió su camino a la puerta por la que había pasado Zavala con el padre.

El sacerdote rezaba y rezaba cuando Zavala sintió un dolor profundamente horrible en sus entrañas, no pudo quedarse en pie y se cayó al piso gritando, algo se lo comía desde adentro
-No me hagas esto
-Es la única manera el solo quiere comerte
Mientras más comía mas crecía dentro de Zavala se veía como un niño de seis años comiendose la cabeza de un ser humano e iba creciendo hasta que solo quedaba una sola pierna y seguía comiendo hasta que tuvo la edad de Zavala, incluso se parecía un poco a él pero desnudo, el sacerdote le dio ropa para que se vistiera, en ese momento entró Alexander.

-Magnifico el único humano que ha entrado al cielo en siglos esta frente a mi
-Se que todavía recuerdas el filo de esta espada y aún te arden sus heridas
-Eres un simple humano no tienes poder junto a mi

El sacerdote quiso quitarle la espada, fue lo último que hizo antes de caer en el piso cortado en dos partes con su ojo derecho viendo dentro de su ojo izquierdo. Luego el ángel se abalanzó sobre Satanás acertando una estocada, el grito de dolor estremeció todo el edificio al segundo siguiente estaban los dos cayendo en un abismo sin fin cada vez más profundo en el infierno.

Por fin después de una caída que pareció durar mil años los dos cuerpos parcialmente destrozados golpearon el piso con tal fuerza que hicieron un profundo hueco al que todos llamaron el décimo infierno. La espada de Gabriel causaba tanto daño en su oponente que Alexander claramente estaba ganando la batalla aunque pareciera una hormiga atacando a un elefante. Todas las almas de los humanos en el infierno estaban viendo la batalla, habían creado cadenas capaces de apresar demonios, se lanzaron como una marabunta de liliputienses gritando "esta débil, esta débil" y con sus pequeñas cadenas lo fueron sometiendo hasta dejarlo inmóvil, las heridas de esa espada no curan en un siglo ni en dos, esas heridas nunca sanan.

0 comentarios:

Publicar un comentario en la entrada