Hace dos días que no he dormido, estoy trabajando como si estuviera loco, todo sea por cumplir con el trabajo, todo sea por alcanzar los objetivos, qué importa dormir?, qué importa tu vida personal?, esto es un país en desarrollo y trabajando así es la única manera en que este país va a crecer.
Hace dos días que no me he bañado, estoy sentado en mi casa como si estuviera loco, todo sea por el placer. Mis objetivos solo son obtener los grandes placeres de la vida, descansar, comer y coger. Qué importa tu vida profesional? Te matas trabajando para que al final del día tengas los mismos problemas o más.
La mañana es fría, un poco más que fría, inmediatamente se cierra mi garganta y deja escapar un leve pero audible silbido cuando trato de llevar aire a mis pulmones. Me invaden unas ganas de irme a dormir pero el trabajo está por encima de todo lo demás es como algo que me llama algo que si no lo hago dejo de ser yo para volverme como el vagabundo que vive debajo del puente de la avenida Huevones.
Mi país tiene fama de flojo, internacionalmente nos dibujan como un prieto sombrerudo sentado junto a un cacto, durmiendo cobijado de un poncho. Sin embargo ese concepto nunca ha aplicado a mi persona, es más ni siquiera a nadie de mi familia. Nunca he usado sombrero, mucho menos un poncho, solo duermo unas cuatro horas diarias y lo hago en una cama.
Mi familia depende absolutamente de mí, mi esposa nunca trabajó y mis hijos están en las mejores escuelas del país, siempre había tenído dos choferes pero ahora con la crisis tuve que quedarme solo con el mío, mi esposa no trabajará pero bien que gasta, por cierto tengo que cambiarle su 4x4 porque ya va a cumplir 2 años.
Si soy un hombre religioso, creo que por eso dios me ha dado todo lo que tengo, invito dos veces al mes al cura a mi casa, un señor muy agradable, conversación inteligente y grandes bendiciones. He ido a misa toda mi vida y se que por las limosnas que dejo en la iglesia cada domingo tengo el cielo asegurado, mi esposa y mis hijas son muy activas y van a retiros de santificación.
En pocas palabras tengo todo lo que un hombre puede desear, buena familia, excelente relación con dios, éxito en el trabajo y estabilidad económica soy el hombre modelo para la felicidad. Y lo mejor es que gracias a mi experiencia en la vida, me tomé muchas molestias para asegurarme que permanezca de esa manera.
El problema con este país es que está lleno de huevones, yo trabajo muy duro y por eso debería ganar millones de pesos al año, en cambio hay unos putos flojos que por trabajar 8 horas diarias quieren ganar más de 800 pesos a la semana y si les pides horas extras quieren que se las pagues a precio de oro, si yo llegara a presidente los haría trabajar 16 horas diarias por esos 800 pesos.
Por ejemplo el otro día salí de vacaciones a Oaxaca y pude comprar un mantel para una mesa de 8 personas, hecho a mano por una india oaxaqueña en 300 pesos y lo pude vender en 3000, eso se gana con la iniciativa, algo que no tienen los indios huevones de este país...
- Cri cri - sonó su radio distrayéndolo de sus pensamientos
- Adelante mi amor- contestó
- Amor no se te olvide la comida de hoy, va a venir el señor Arzobispo y los Rendón.
- Claro que no mi amor, gracias por recordármelo.
Don Patricio terminó su trabajo, dejó encargado al supervisor de avisarle cualquier problema inmediatamente y se fue a su casa a bañarse y prepararse para la cena importante que había planeado.
Lo primero que vió al entrar a su casa fue a su hijo en pijama, sentado en la sala rascandose la cabeza con una de las figuras ornamentales de porcelana, apestaba pues no se había bañado en varios días.
- Hijo arréglate por favor que viene el señor arzobispo a cenar.
Patricio junior no le contestó a su padre pues estaba muy ocupado analizando la grasa que se había quitado de la cabeza con el pato de porcelana. Patricio padre siguió su camino hacia el baño de su habitación, se bañó lentamente con agua muy caliente, salió y se puso el traje nuevo impecable que le había dejado su esposa preparado. Siempre que se ponía un traje nuevo se sentía todopoderoso. El cielo me sonríe - pensó.
Salió de su habitación para ver como iban los preparativos, comenzó a regañar a la persona que estaba poniendo las servilletas porque estaban mal dobladas, su teléfono celular sonó y lo distrajo de seguirle gritando al mesero que acomodaba la mesa no. 5.
-Papá soy yo, no voy a poder ir a tu comida hoy.
-Pero hija si viene el señor arzobispo, no puedes hacerme esto.
-Tengo trabajo y voy camino a Los Ángeles, estoy en el aeropuerto a punto de abordar, además tienes ahí a tu hijo adorando, no? Nos vemos.
Su hija le colgó y el se quedó por un minuto pensando que tal vez la había presionado demasiado cuando era niña para que fuera la mejor, acaso le condicioné el amor dependiendo de sus éxitos?
-Qué pasa, no va a venir tu hija adorada? - le dijo su hijo cuando lo vio pensativo
Se sintió entre la espada y la pared, su hija siente que la presionó demasiado y ahora trabaja todo el tiempo y cree que pasar tiempo con su familia es tiempo perdido y su hijo piensa que no merece el amor de su padre porque nunca se destacó tanto como su hermana y por eso perdió el espíritu de lucha. Lástima que esos psicólogos nunca pudieron ayudarlos.
-Bueno, todavía hay mucho trabajo - dijo y regresó a gritarle a los meseros por no doblar bien las servilletas como pequeños cisnes.
Lo único que pensaba era en complacer al señor arzobispo que era un hombre culto y de muy buen gusto, había viajado por todo europa y conocía al santo padre, con el cual trabajó antes de que este último fuera electo por el conclave.
- Estará de acuerdo conmigo señor arzobispo que la pereza se ha vuelto el cáncer más grande la sociedad? - decía Patricio senior en voz alta para que todos sus invitados lo escucharan
- Claro que si don Patricio - contestaba serenamente el señor arzobispo como quién quiere parecer muy sabio - cada día la gente pierde las buenas costumbres y quiere todo más fácil.
- Discúlpeme señor arzobispo por interrumpirlo - comenzó a hablar la esposa de don Federico Venegas de Ponce y Ponce, doña Yuritzia de Venegas Culogrande - los avances tecnológicos han hecho todo más fácil para nosotras las mujeres en el hogar, mi madre tenía 4 sirvientas y ahora yo me las puedo arreglar con 2, eso es algo bueno.
- Por supuesto hija pero seguramente tu usas el tiempo para trabajar en otras cosas de más provecho gracias a los avances de la ciencia.
- En eso no podría tener más razón señor arzobispo, no crea que me la paso en el café hablando de las novelas del 2 con las madres de los compañeros de mi hija Yulinda. - dijo riendo doña Yuritzia
- Eso es claro - continuo don Patricio - lo que yo me refiero es que ahora todos los trabajadores quieren que les de las cosas. Si antes mi padre les aventaba un hueso para que se pelearan por el los obreros y trabajaran duro por ganárselo ahora quieren un hueso para cada quien. Es un robo lo que esta gente quiere.
- Contaba mi sabio padre - dijo el señor arzobispo - que haya en otra época cuando todavía no había carros ni aviones, cuando la mayoría eran campesinos o artífices y los aristócratas tenían en su poder el secreto del trabajo honesto y fructífero decidieron compartirlo con todo el mundo para que todos tuvieran la misma suerte y cada ser humano fuera igual. Lo que pasó es que todos los campesinos despreciaron el precioso regalo, ellos querían seguir trabajando la tierra para sus amos, comer sus tortillas y sus frijoles, usar sus huaraches y tener sus veinte hijos. Los aristócratas decepcionados escondieron su secreto en los mismos cimientos de esta ciudad.
- Que bonita historia de verdad que nuestros padres eran unos sabios - dijo la señora Rendón que había estado muy callada durante toda la plática.
-Que me puede decir señor arzobispo de esos rumores de un demonio destruyendo y matando gente que se han escuchado. - dijo Bonifacio Rendón dueño de la mitad de los restaurantes de la ciudad.
- Yo escuché que hay unos caballeros templarios que envió el mismísimo papa para buscar los siete amuletos de las virtudes para vencer al demonio. - se incorporó animosamente a la plática la hija de los Rendón, Europa María.
- Todos son simples historias, yo no tengo conocimiento de nada de eso, este es un país católico cristiano que no tiene nada que temer a ningún demonio, los que si deben de temer son esos asiáticos con su buda panzón y los musulmanes con ese tal "alá de pollo" - contestó firmemente el sacerdote del arzobispado.
Su comentario fue recibido con risas de todos los presentes.
- Los que no dan risa son esos reporteros que me tienen entre la espada y la pared, son lacras amarillistas que dicen que las unidades de mi empresa de transporte público no tienen frenos, las unidades están casi nuevas, las compré hace solo 22 años.
- Totalmente de acuerdo, esos choferes manejan como locos desquiciados y todos nos echan las malas vibras a nosotros como si tuviéramos la culpa de la idiotez de la gente. Por qué no nos bendice señor arzobispo para protegernos de las malas vibras.
- Muy bien hijos míos los voy bendecir, puedes prender el cirio pascual que te regalé Patricio?
- Claro que si señor arzobispo - contestó don Patricio mientras buscaba un encendedor.
Al prenderlo primero fue una pequeña flama encima de la gran columna de cera, todos bajaron sus rostros en señal de reverencia y el arzobispo comenzó a rezar algo en latín que nadie entendía pero según un amigo que estudió latín dijo algo así: "padre nuestro, Jesucristo, espíritu santo y virgencita salvaguarda y protege a mis feligreses, tus hijos más fieles de la iglesia católica que solo quieren adorarte y servirte, protégelos de las malas vibras y de ese demonio que anda por ahí rondando matando gente sin distinguir la gente bien de la gente pobre."
La sombra del arzobispo iba y venía según la proyectaba el cirio encendido, su luz poco a poco fue haciéndose más intensa y más grande la flama, la sombra se iba definiendo más y abarcaba más espacio de la pared, cuando terminó su oración su sombra comenzó a moverse libremente por la habitación como si se hubiera desprendido del sacerdote para andar por ahí sin depender de nadie.
- Me has invocado sacerdote? Crees que puedes ordenarme que hacer?
- Quién eres monstruo?
- Soy el ángel humano
Cuando decía esto la sombra caminó hacia el cirio y lo tocó con su mano derecha, la sombra se materializó en un jovencito de apenas unos 15 o 16 años con grandes alas negras como de un cuervo, seriamente heridas y maltrechas, el cirio se convirtió en sangre que se derramó por todo el lugar manchando hasta los tobillos a todos los presentes, quienes sientieron un tremor en lo más profundo de sus espinas dorsales y sus almas al sentir como la sangre caliente tocaba sus piés y echaba a perder sus hermosos y carisimos zapatos italianos, ingleses y made in vietnam.
- Dios es más poderoso que tu no nos puedes hacer nada- gritó el sacerdote
- Dios si es más poderoso, pero no me va a detener de la misma forma que no los detiene a ustedes en sus transgresiones.
El señor arzobispo y todos los presentes estaban boquiabiertos, no sabían que decir cuando de pronto el sacerdote comenzó a sufrir de una tos imparable, su cuerpo claramente estaba rechazando algo, pareciera que la comida le había hecho daño y por fin ese sonido que hace el vientre humano cuando va a vomitar salió de su boca solo que más profundo y demoniaco, un poco de la pasta que hasta hace unos minutos había saboreado salió pseudodigerida sin embargo lo que hizo que se desmayara la señora Rendón no fue la comida, sino la mano roja que se asomó de la boca del sacerdote, o mejor dicho una especie de garra con grandes uñas, el religioso comenzó a sufrir de temblores que poco a poco iban dejando salir un gran brazo que estiraba la boca más allá de todo límite humano jamás visto, una segunda mano apareció deteniendose de las comisuras y de esa manera logro salir un gran demonio de 3 metros de altura del presbitero que en poco tiempo recupero el tamaño normal de su boca.
Todos los demás presentes se encontraban en una situación no mejor que el arzobispo, tenian estertores, se retorcían como lombrices en todas las direcciones y sus rostros eran testigos de un dolor intenso en lo más profundo de su ser. De cada uno de ellos un demonio comenzó a salir por algun conducto u otro, del señor Rendón un inmenso pie color café salía de por su ano, de su esposa asomaba medio demonio enano que trataba de sacar su cintura del canal auditivo de doña Esperanza Rendón. Europa María Rendón Ordorica tenía la cabeza de un demonio rojo como la grana con gigantescos cuernos saliendo de su vagina. Patricio Junior gritaba de dolor, su miembro se había inflamado hasta el tamaño de un niño de 10 años y la cola de un demonio amarillo salía por su uretra moviendose y contorsionandose. Yuritzia Venegas tenía el rostro deformado pues un demonio azul salía de sus lagrimales en forma de un líquido extraño que apestaba con un olor amargo como el de los hospitales. De la nariz de Federico Venegas un ser verde sin forma salía ensanchandose y contrallendose como un gran oruga. A don Patricio y su esposa les salió una pus morada/amarilla y hedionda por cada poro de sus cuerpos.
Al fin un ejercito de 9 demonios estaban parados frente al ángel. El líder era color negro, medía al menos unos 3 metros de altura y parecía que le habían dado esteroides, uno rojo grana de grandes cuernos delgado y alto como de 4 metros, un demonio gordo color café que era más ancho que alto, un enano gris que pateaba a otro enano amarillo que estaba en posición fetal como durmiendo, el demonio azul todavía se estaba pasando del estado líquido al sólido, los rodeaba una gran oruga verde mocosa con pinzas en la boca y los dos gemelos pustulientos que apestaban todo el lugar.
- No vamos a dejar que destruyas nuestras casas más lujosas y obedientes. - dijo el más grande de ellos.
El joven no respondió, abrió sus alas en toda la envergadura que tenían y sacó la espada que se había robado del cielo, tomó una posición de ataque con la espada al frente balanceándose con todo su cuerpo hacia atrás pues el arma era más grande que el muchacho, notablemente rápido saltó sobre su espalda usando el movimiento para hacer con la espada un medio circulo en el aire que terminó en la cabeza del demonio rojo de grandes cuernos cortándoselos de un solo golpe. Tomo el cuerno con la mano libre y clavó al enano contra la pared con este con el como si fuera un insecto.
El demonio azul se desolidificó en una especie de mancha en el suelo que se movió hasta estar debajo del chico que cayó en una inmensa masa de agua en la cual estaba atrapado, no había arriba ni abajo, izquierda ni derecha, no había luz y todos los sonidos se habían ido, solo el agua fria que lo rodeaba era lo que percibían sus sentidos, como si la tristeza se hubiera apoderado de él, solo podía pensar en querer morir y desaparecer del universo, la espada cambió de forma a una daga que se clavó directamente en la garganta, un grito que quizo salir de la boca del chico no sonó a nada y al abrir la boca el agua se comenzó a fluir hacia esta, cada vez más y más rápido el agua que lo rodeaba entraba a su boca, era amarga, venenosa, sabía a muerte y tristeza, lo estaba matando y lo sabía, a punto de perder el conocimiento se sintió flotando en la nada, como si toda el agua que lo había rodeado ahora estuviera dentro de él. Sacó la daga en un movimiento veloz, con otro movimiento de ataque aparentemente al vacío en el que se encontraba golpeo algo con la punta del arma y nuevamente estaba en el comedor de don Patricio, con su ataque había clavado a la pared al demonio azul justo en la garganta, colgaba sin hacer ningun movimiento.
El joven retiró su daga de la pared dejando caer al demonio al piso en donde unas llamas habían abierto una entrada al infierno y desapareció con ellas. La espada volvió a ser de su tamaño normal, la colocó debajo de su brazo, se movió rápido como la luz y atravesó al gordo café que explotó como mierda que cubrió a todos en la habitación con la peste más insufrible que hayas olido en toda tu vida. Solo quedaban los comensales originales, los demonios habían desaparecido por alguna razón. Todos se levantaron del piso pensando que la habían librado de una grande.
- Qué pasa Patricio? - le gritó su esposa con desesperación y desconcierto
- No se - contestó aún más consternado volteando a ver al joven sosteniendo la gran espada
- Qué es toda esta mierda Patricio?!!! - reclamó grávemente el señor Rendón - Vamonos de esta pocilga - les gritó a su esposa e hija y fue lo último que dijo con vida, Alexander atravesó su cabeza con la espada partiendola en dos como una sandía.
La espada hizo un sonido extraño metálico y se clavó más en el piso, nuevamente tras el mismo sonido se volvió a clavar otro poco, por tercera vez se escuchó el sonido solo que esta vez acompañado de un sacudida violeta de toda la casa, lentamente se comenzó a sentir como temblaba todo el recinto, la cristalería se estrellaba, el techo comenzaba a dejar caer pedazos de yeso, las vibraciones seguían aumentando pronto fue un terremoto que destruía todo en la casa y esta no resistió más y calló sobre los presentes matándolos instantáneamente bajo las pesadas piedras con las que se había construido la hermosa casa de 16 millones de don Patricio.

ME gusta mucho lo que escribes ;)
ResponderSuprimirXx
Muchas gracis M.rolez
ResponderSuprimirxoxo
Hay que ver lo bien qué escribes!!!!
ResponderSuprimirMuchas gracias por tus felicitaciones!
xoxo
Hola, gracias por comentar en mi blog, interesante lo que escribes, saludos!
ResponderSuprimir