I
Soy, por obvio que suene decirlo, un demonio. He vivido en la tierra desde antes que los primeros humanos caminarán por la sabana africana. Me comenzaba a aburrir cuando vi esa pequeña manada balanceándose torpemente en dos pies con un ojo al piso esperando encontrarse algún tesoro y con el otro ojo cuidando no ser atacado por una bestia come-hombres pero aún más importante, que sus compañeros no les quitaran lo que habían recogido del suelo. Que seres tan burdos y a la vez tan sensuales, me cautivaron desde el génesis y me intrigarán hasta el apocalipsis.
Siempre ha sido una desgracia para mí que duren tan poco estos humanos, apenas nos comenzamos a divertir cuando ya están listos para la tumba, son capaces de imaginar e inventar perversiones que nunca hubiera yo podido ni vislumbrar una pequeña parte. He vivido incontables años y lo que sé lo he aprendido en su mayoría de los humanos, verlos crear nuevas parafilias es mi placer.
Todo había ido bien como por un milenio, nadie se metía conmigo y yo poseía a quién me diera la gana. Hasta que ese maldito humano, de alguna manera, se robó la espada de Gabriel. Vi de cerca esa espada que crearon los nueve amos del universo especialmente para la guerra. Yo estaba ahí la primera vez que fue blandida, cuando la desenvainó Gabriel y de un gran golpe destruyó miles de galaxias y le deformó la cara a lucifer para siempre. Huí de inmediato como un cobarde entre una lluvia de flechas que me perforaban con un ardor venenoso, lo preferí a enfrentarme a esa espada.
Siempre ha sido una desgracia para mí que duren tan poco estos humanos, apenas nos comenzamos a divertir cuando ya están listos para la tumba, son capaces de imaginar e inventar perversiones que nunca hubiera yo podido ni vislumbrar una pequeña parte. He vivido incontables años y lo que sé lo he aprendido en su mayoría de los humanos, verlos crear nuevas parafilias es mi placer.
Todo había ido bien como por un milenio, nadie se metía conmigo y yo poseía a quién me diera la gana. Hasta que ese maldito humano, de alguna manera, se robó la espada de Gabriel. Vi de cerca esa espada que crearon los nueve amos del universo especialmente para la guerra. Yo estaba ahí la primera vez que fue blandida, cuando la desenvainó Gabriel y de un gran golpe destruyó miles de galaxias y le deformó la cara a lucifer para siempre. Huí de inmediato como un cobarde entre una lluvia de flechas que me perforaban con un ardor venenoso, lo preferí a enfrentarme a esa espada.
Los tiempos cambian de una manera tan rápida que ni yo puedo entender que pasa con claridad, ahora los humanos dirigen el infierno. Me dijeron que ataron a Lucifer con cadenas de las que no puede soltarse. Me sorprende el ingenio de estos seres tan pequeños, ni los ángeles encontraron la manera de encerrarnos y ahora los humanos crean armas y grilletes para los espíritus. Increíble.
Tal vez si les pido un arma para enfrentarme al ángel humano me la den y así volver a la normalidad, sin tener que estar esperando la hora que se le ocurra aparecer y abrirme la cara con la espada que se robó. Como lo hizo con el arzobispo en el que viví por veinte años.
II
Me gusta ver a todos desde arriba, me hace sentir que estoy por encima de ellos, que estoy en la cima del mundo, que un aire puro refresca mi alma y limpia mi ser de todo lo malo que he hecho en mi vida, que tengo perfecto control y los gritos a mi alrededor no me afectan , son tan lejanos como si no fueran para mi- "que buenas tetotas mamazota", "ya quítate la ropa y mámamela".
Soy, por obvio que sea decirlo, una bailarina erótica y una sexo-servidora. Tengo el oficio más antiguo del mundo y solo he vivido veintitrés años. Me gusta imaginarme que un día un gran hombre entrará por esa puerta, le daré la mamada de su vida y se enamorará tanto de mi que va a pagar el dinero que le debo al wey que me trajo a este país y se hará cargo de mi hijo. Nunca más tendré que trabajar y lo tendría muy feliz con el mejor sexo todos los días.
No digo que mi vida haya sido una desgracia tras otra pero como que todo fue cuesta abajo cuando mi papá me violó a los siete años y me obligaba a mamarsela mientras veía el fútbol. Me salí de mi casa a los catorce años con un tipo que decía que me podía sacar del país y darme trabajo si se la mamaba un par de veces. Cumplió su palabra, me llevó a otro país y me dio trabajo de puta. Sin embargo sigo creyendo que hay esperanza, que hay hombres buenos, tengo fe.
No digo que mi vida haya sido una desgracia tras otra pero como que todo fue cuesta abajo cuando mi papá me violó a los siete años y me obligaba a mamarsela mientras veía el fútbol. Me salí de mi casa a los catorce años con un tipo que decía que me podía sacar del país y darme trabajo si se la mamaba un par de veces. Cumplió su palabra, me llevó a otro país y me dio trabajo de puta. Sin embargo sigo creyendo que hay esperanza, que hay hombres buenos, tengo fe.
III
Un viernes por la noche llegó. Me preparaba maquillándome las boobies con glitter cuando mi amiga Dalinda entró muy alterada, temblando y llorando.
- ¿Qué te pasa goeeeei?
- No mames goooei me acaba de pasar lo más extraño que te puedas imaginar.
- ¿Te encontraste a tu ex?
- No, el tipo más gigante de la tierra está allá afuera parado. Es como seis veces más grande que el gorila del zoológico. Me ve y con una de sus manos me rodea por la cintura y me levanta en el aire como si fuera una muñeca
- ¿ Y qué hiciste?
- Gritar como pendeja que me bajara. Se me veía todo.
- Y el Mike que hizo.
- Nada, le sacó el muy puto.
- ¿Y entonces?
- Pues me pregunta el monstruo ese que si aquí era "Bless Lust", le dije que si y me bajó.
- Ojalá no lo dejen entrar
- ¿Y quién se lo va a impedir? Si todos son unos pinches maricones, le van a sacar a los madrasos con ese cabrón.
- Ay manita ya me dio miedo.
Muy a mi pesar, mi miedo le venía valiendo madre al Rufus que es el manager del lugar y me dijo que si no salía pues me rompía todo el hocico y luego me la metía por el culo sin saliva. Así que me fajé mi tanga y salí a bailar como las grandes.
El ambiente estaba diferente. No solo yo le tenía miedo al gigantón. Todos en el lugar estaban tensos. Luego me dijeron que unos juniors se salieron como tapón de sidra cuando vieron entrar al grandote. Yo bailaba "No soy una señora" interpretada por María José que últimamente ha tenido muy buena aceptación con el público, gritan y todo el show cuando la bailo.
IV
Vine al "Bless Lust" porque tengo la seguridad que el hombre que me puede ayudar está aquí. Es uno de los seres con más ingenio de toda la creación, también el más lujurioso de esta. Lo he visto hacer todo tipo de escenarios sexuales, lo ha hecho con perros, gatos, pericos, pollos, gallinas, alces, elefantes, salmones y todo lo imaginable. Ha estado con hombres y mujeres de toda talla, de todo color, raza, religión y país. En todos los lugares naturales o hechos por el hombre.
Así como tiene talento para complacer su lujuria desenfrenada también tiene una imaginación para destruir, torturar, aplastar y extinguir. Tiene las patentes de las armas apocalípticas. Es capaz de destruir el planeta tierra diecisiete punto cuatro veces con todo lo que hay en él.
Me pareció verlo en una mesa al fondo con poca luz, algo muy privado. Me acerqué sin rodeos, a los que trataron de impedirlo los aplasté como a insectos. Me senté a su mesa, sus ojos clavados en mi tenían algo de miedo aunque también excitación.
- Mire Doe no voy a andarme con pendejadas. Necesito que me haga un arma.
- ¿Quién eres tu gran gigante? Te ves muy apetecible
- Soy un demonio y necesito un arma.
- Ya, esa parte ya la entendí. Que musculoso es usted. ¿Por qué un hombre tan fuerte necesita un arma?
- Es para matar a un humano. Tiene un arma muy especial. El arma más poderosa jamás creada. Es la espada del ángel Gabriel. Creada por los nueve amos del universo para derrotar a Lucifer en la gran guerra celestial.
- ¿Y yo como voy a poder crear algo así?
- Usted es el mejor en armas. Se que en el infierno han inventado grilletes para contener demonios.
- Interesante. ¿Me podría llevar a conocer ese lugar infierno?
V
En el momento más emocionante de mi baile, estaba trepada en lo más alto del tubo, entró al lugar un muchachito que se dirigió, sin dar atención a nada más, hacia la mesa donde se había sentado el gigantón. Me caí de puras nalgas, azotando como una vaca, al percatarme que el jovenzuelo tenía en la mano una gran espada como de dos metros y medio de largo. La arrastraba por el piso, a mi parecer no podía cargarla porque era del doble de su estatura.
Al instante que se acabó la pista de mi baile, una voz dijo: "Yo puedo ayudarte con eso." El muchachito levantó la gran espada y el gigante se movió tan rápido que a los ojos de todos se desvaneció en el aire. Uno de los guardaespaldas cubrió a su cliente y se cubrió con el ametralladora que portaba, una simple espada no puede cortar el metal de un arma así.
El espada cayó partiendo el arma de fuego como si fuera un palito de pan y abriendo el voluminoso abdómen del guarura en dos dejando que sus tripas resbalaran hasta el piso. El tipo salió corriendo arrastrando sus entrañas dejando un rastro muy desagradable. El olor era espantoso. En el arrollo un carro que pasaba a exceso de velocidad se encargó de esparcir sus restos por todo el pavimento.
El gigante volvió por la espalda del jovencito para atraparlo. La espada rápida como un rayo cortó las manos del gran monstruo. Este dejó escapar el grito más horrendo que yo haya escuchado en toda mi vida. Me puso la piel de gallina y estremeció mis huesos.
El tipo importante que seguía sentado muy interesado en lo que pasa frente a sus ojos hizo una señal a uno de sus acompañantes que sacó una escopeta muy extraña. Ciertamente un arma que yo nunca había visto. De la cual salió un destelló azul que envolvió al pendejo de la espada.
"Ya se lo cargó la chingada" pensé. Al ver que el disparo del arma había destruido la mitad del putero. Sin embargo después de tallar mis ojos un rato en que no vi que pasó, porque la luz del cañonazo fue tan intensa que solo veía manchas blancas, pude enfocar y el chico con la espalda ensangrentada tenía atravesado al güey que le había disparado como brocheta.
VI
El maldito de la espada se apareció y empezó a desmadrar todo como siempre lo hace. Me cortó las manos. Cuando se lanzó sobre Doe tuve que intervenir. No podía perder al único que me puede ayudar a matar al humano con la espada de ángel.
Logré transportar a Doe al infierno en el último segundo antes de que lo atravesaran como a un cerdo. Pero la estocada le cortó por completo su miembro. Castrado de raíz. No fue del todo malo. Juró vengarse el ángel humano.

Hola! Gracias por pasarte y por desearme buena vibra!!!
ResponderSuprimirsaludos!